CRÓNICA
La banda chilanga
A los mejicanos Café Tacuba les
correspondió dar la salida a la decimocuarta edición de
La Mar de Músicas ante un auditorio repleto y entregado
Chema Helmet
Cone Cahuitl el enmascarado - foto: Chema Helmet
Quién: Café Tacuba
Dónde: Auditorio Parque Torres (Cartagena)
Cuándo: 05 de julio de 2008
Los cuatro tacubos saltaron al escenario del Auditorio del Parque Torres y comenzaron a cantar Gracias
por la libertad / gracias por la democracia / por el estado de derecho
a quien debo tanta gracia / de erradicar fraude y cohecho / libres hacia
la verdad. Todo un ideario que resume muy bien la trayectoria del grupo formado en 1989 en Ciudad Satélite (México).
Un ideario que basa en la libertad su principal seña de
identidad, libertad de crear y de expresarse sin tener que estar
sujetos a ataduras comerciales. La muestra de ello es que en los diez
discos que forman la trayectoria de los mejicanos uno se puede
encontrar conviviendo con naturalidad estilos y géneros dispares
que pasan por el hip hop, ska, disco, funk, rock, metal,
electrónica de vanguardia o canciones inspiradas en el folklore
tradicional indígena mejicano, lo que ha convertido
a Café Tacuba uno de los grupos más
interesantes e innovadores de la escena del rock en castellano.
Sabido es que salvo honrosas excepciones, el público
español "alternativo" desconfía por lo general de los
grupos que cantan en castellano (y más todavía si vienen
del continente americano), pues tiene el punto de mira apuntando
fijamente al último hype
venido de tierras anglosajonas, por lo que grupos del calibre, la
relevancia y la calidad de Café Tacuba (acostumbrados a llenar
estadios y grandes recintos en América del Norte y del Sur) en
nuestro país apenas pueden aspirar a ser programados en
festivales de "música étnica", en engendros como el Rock
in Rio o en salas pequeñas de Madrid y Barcelona. Bueno, pues los demás se lo
pierden.
Después de arrancar el concierto con Gracias y en un claro guiño al público español, los mejicanos atacaron sin respiro No controles,
su particular versión metalera del tema compuesto por Nacho
Cano para Olé Olé y que los Café Tacuba en su
día ya grabó junto a David Byrne. A partir de ese momento
el público se puso de pie para ya no volver a sentarse
más y el baile prosiguió durante las dos horas del
recital tacubo.
La fiesta fue en todo momento guiada y alentada por el menudo e
inquieto cantante Ruben Albarrán (un tipo polifacético
que cambia de nombre con cada disco que edita el grupo; actualmente se
hace llamar Cone Cahuitl y anteriormente se hizo llamar entre otros
Pinche Juan, Cosme, Nrü, At Medardo ILK o Sizu Yantra).
Café Tacuba es un grupo rotundo que puede presumir de tener
personalidad, presencia, imagen, estética y canciones. Y si de
canciones hablamos, pues decir que el repertorio del concierto se
basó en los grandes éxitos que han atesorado en sus casi
veinte años de exitosa trayectoria: canciones como Ingrata, Cero y Uno, EO, Chilanga banda (con ese impagable estribillo: Pachucos cholos y chundos / Chinchinfas y malafachas / Acá los chompiras rifan / y bailan tibiritábara), Mediodía, Las Flores, El puñal y el corazón...
Los mejicanos mantuvieron el nivel durante toda su actuación y
supieron ir de menos a más. Además de sus temas
más clásicos, en el tramo final del concierto se animaron
a tocar un par de canciones de su interesante último disco (SiNo), canciones como la discotequera Volver a comenzar y la potente Y es que con las que la diversión aumentó un par de grados.
Para los bises se guardaron una de las mejores perlas de su repertorio: Eres,
una sentida composición que canta el versátil Meme Del
Real. Este fue sin duda uno de los grandes momentos de la
actuación, que concluyó de un modo alegre y
saltarín con la Chica Banda, una canción rescatada del primer disco que homenajea a los "molcajetes" punk de Ciudad Satélite (me he enamorado de una chica banda / me he enamorado de su negra piel / pelos pintados, flexi-botas negras...) y la pegadiza El Baile y el salón ("paparupapa euuuuuuueoooooooo").
Cierto es que este año el festival La Mar de Músicas
está consagrado a honrar a Francia y sus músicas,
pero de buanas a primeras los mejicanos ya han puesto el listón muy alto. Los
gabachos tendrán que ponerse las pilas.